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A la derecha, Eduardo Hernáiz, copropietario de la bodega, sirviendo el vino / Cristina Martínez – AGENCIA ALMOZARA

El Asador Pasiego fue el escenario que Hermanos Hernáiz, bodega de Rioja Alta, eligió para dar a conocer un vino «gastronómico, serio y complejo», procedente de uno de los pocos viñedos singulares de esta prestigiosa zona vitivinícola

Ayer se presentó en el Asador Pasiego, restaurante regentado por Ramón Olaso en pleno centro de Zaragoza —Incencio Jiménez, 3—, el vino Finca La Emperatriz tinto 2019, «un vino serio, gastronómico, con potencia y elegancia, pensado para disfrutar con una buena comida», introdujo Eduardo Hernáiz, copropietario de la bodega junto a su hermano y responsable de la enología.

Aunque esta bodega de Rioja Alta, «la parte más prestigiosa de la denominación de origen», ya comenzó hace alrededor de un año a introducir sus vinos en el mercado zaragozano de la mano de la distribuidora Disvinza que dirige Tomás Olaso, ayer quiso dar a conocer «el primer vino de la propiedad y nuestro vino estrella» ante periodistas y prescriptores especializados y un público amante del buen vino que llenó el restaurante.

Jesús Domínguez, comercial de Divinza; Eduardo Hernáiz; Tomás Olaso y Ramón Olaso / Cristina Martínez – AGENCIA ALMOZARA

Fusión cántabro aragonesa

Ramón Olaso, propietario del establecimiento y sobrino del distribuidor, dio la bienvenida a los presentes, definiendo el Asador Pasiego como «un proyecto que nació en 2014 de la conexión de mis padres, los fundadores, con Aragón y el Valle del Pas», de hecho, continuó el hostelero, «nuestro lema es “el sabor de dos tierras en una brasa”, porque nuestra oferta se basa en los productos de la mejor calidad de los dos territorios, entre los que destacan los bueyes que cría mi padre en una pequeña ganadería propia del Valle del Pas, la brasa, y la cocina tradicional y casera».

Eduardo Hernáiz tomó el testigo para dar unas pinceladas sobre la interesante historia de una bodega «con origen en el siglo XIX que perteneció a Eugenia de Montijo, última emperatriz de Francia». En 1996 la familia Hernáiz, procedente de Cenicero, tuvo la oportunidad de comprar estos viñedos y poner en marcha la pequeña bodega familiar Hermanos Hernáiz. Aunque tienen varios proyectos, continuó Eduardo, «el más conocido es Finca La Emperatriz, en pleno valle de Oja, una zona privilegiada de Rioja Alta».

Maridaje perfecto / Cristina Martínez – AGENCIA ALMOZARA

El sabor de Rioja Alta

«Grandes vinos son aquellos de los que se sabe su origen cuando se prueban, aquellos que representan el territorio», señaló el bodeguero. Es el caso de Finca La Emperatriz tinto 2019, un vino elaborado con un ensamblaje típico en Rioja Alta: «un 70 % de tempranillo, que representa el esqueleto del vino y le da estructura; un 25 % de «una garnacha muy diferente a la aragonesa, cultivada en una de las zonas vitivinícolas más frías, que le aporta suavidad y un 5 % de viura, la variedad blanca que lo hace más fácil de beber», todas ellas procedentes de viñedos de más de 65 años, describió Hernáiz. «En la D.O.Ca. Rioja además de categorizar los vinos por tiempo en barrica —crianza, reserva y gran reserva—, también se categorizan por la calidad y antigüedad de los viñedos y este vino procede de un Viñedo Singular, la máxima categoría de la que solo hay 250 hectáreas en la denominación de origen, 32 de las cuales nos pertenecen», continuó.

Antiguamente, añadió, «en Rioja Alta, definían como vinos finos este tipo de vinos de guarda, potentes, elegantes, complejos, con acidez natural y con muchos colores, es decir, con diferentes capas aromáticas y de sabor que, además, van cambiando en la copa, a lo largo de la comida».

Menú elegido por el Asador Pasiego para maridar el vino / Cristina Martínez – AGENCIA ALMOZARA

El maridaje

Para la presentación en Zaragoza de este reserva, la bodega optó por descorchar una botella de doce litros —denominada Baltasar— y maridarla con una comida contundente que comenzó con una anchoa de Santoña con esferificación de vinagre de vermut, continuó con morcilla ligeramente picante de Burgos y una longaniza de Épila a la brasa, siguió con unas judías blancas con oreja, llegó al punto álgido con una chuleta madurada de frisona y otra de buey de ganadería propia también a la brasa y acompañadas de ensalada, pimiento del piquillo y patatas y culminó con dos tartas de la casa. Una puesta en escena a la altura de un gran vino.

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