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José Luis Yzuel en los Premios Horeca, el año pasado.

Por Miguel Ángel Vicente

Hoy, con el corazón profundamente dolido, me toca despedir a José Luis Yzuel, un hombre excepcional cuya vida estuvo marcada por una pasión inquebrantable: la gastronomía y la hostelería de Aragón. José Luis no fue solo un gran líder del sector, un presidente de Hostelería de España y de Hosteleros de Aragón, sino que fue, ante todo, un amigo leal y un compañero incansable.

De aquellos días en los que juntos compartíamos nuestras ideas sobre la cocina aragonesa, recuerdo cómo su mirada se iluminaba al hablar de la tierra que tanto amaba. Con su dedicación, su esfuerzo y su profundo amor por nuestra gastronomía, Pepe contribuyó de manera única a poner en valor los sabores y las tradiciones de este territorio. Aragón estaba en su corazón y su vida fue un reflejo de su compromiso con cada rincón de nuestra comunidad.

Yzuel, rodeado de amigas, en los XXV Premios Horeca.

Junto a su gran amigo Emilio Lacambra, diálogos profundos nos unían a través de cada plato que representaba nuestras raíces. Ambos creían que su obligación como presidentes de los hosteleros estaba en trasladar a sus compañeros la importancia de tener establecimientos con identidad propia, con cartas singulares que posicionaran Aragón entre las imprescindibles visitas gastronómicas de esta España tan diversa como rica en atractivos gastronómicos y turísticos.

A lo largo de los años, tuvimos la suerte de colaborar en tantos proyectos… Fuimos testigos de la creación de libros, de concursos gastronómicos, de momentos en los que la pasión por la buena mesa nos unía más allá de cualquier título o reconocimiento. Cada encuentro con él era una celebración de lo que nos unía: la pasión por la hostelería, por la cocina, por nuestra gente.

En cada uno de esos momentos, José Luis no solo era un profesional ejemplar, sino un hombre de una generosidad inmensa. Su agenda estaba llena de amigos, y cada uno de nosotros lo sentía cercano, como si su amistad fuera un regalo, un refugio de sabiduría y apoyo. La hospitalidad que promovió en su vida diaria no era solo algo relacionado con su profesión, sino una parte de su ser, que extendía sin pedir nada a cambio.

Su bravo carácter aragonés marcaba los diálogos en los enfrentamientos dialecticos, no dudaba levantar la voz ante cualquier político ante el que debía defender las necesidades del sector que representaba, nadie lo superará en esta materia.

Nos unió la gastronomía, pero, sobre todo, nos unió la amistad sincera. Hemos compartido risas, largos debates sobre los mejores platos aragoneses, sueños por hacer crecer el sector y, ante todo, momentos que se quedarán grabados para siempre en mi memoria. Su partida deja un vacío profundo, pero también deja una huella imborrable en todos los que tuvimos el honor de conocerlo y caminar a su lado.

José Luis y su mujer, Ana, con Cristina y Miguel Ángel.

Hoy, mientras miro atrás, me doy cuenta de que he perdido más que a un compañero, he perdido a un amigo que me enseñó tanto, que me inspiró tanto… Pepe, allá donde estés, siempre estarás presente en nuestros corazones, en cada plato que celebremos, en cada recuerdo que compartamos de esos momentos tan especiales que vivimos juntos.

La gastronomía aragonesa sigue adelante, pero no será lo mismo sin ti. Gracias por tu amistad, por tu generosidad, por tu pasión. Que tu legado continúe inspirándonos, como siempre lo hiciste, con ese brillo único en los ojos de quien vive para lo que ama.

Hasta siempre, amigo. Te llevamos en el corazón.

*Todo el equipo de Agencia Almozara y de El Gastrónomo Zaragozano nos sumamos a las palabras de nuestro director.

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